Fútbol

publicidad
02 de marzo de 2011 • 16:55

EL ALMA "CHARRUA" DE GABINO SOSA

 


Símbolo de la gloriosa época del amateurismo, ícono de Central Córdoba -cuyo estadio lleva su nombre-, el 3 de marzo de 1971, hace 40 años, moría en Rosario Gabino Sosa, y su recuerdo permanece inalterable para el fútbol argentino.



Sosa falleció a los 72 años en una modesta casa de Rosario que le había sido donada en 1931 por los hinchas de Central Córdoba, el club de sus amores y donde jugó por 24 años.



Dos años antes de su muerte, el 7 de noviembre de 1969, el club Central Córdoba había decidido imponer su nombre al estadio, con capacidad para 17 mil espectadores y ubicado en la manzana de Juan Manuel de Rosas, 1º de Mayo, Gálvez y Virasoro.



Ese mismo marzo de 1971 pasó a la historia política del país por la destitución del dictador Roberto Marcelo Levingston, un desconocido general que había venido de cumplir misiones diplomáticas en los Estados Unidos para reemplazar a otro militar, Juan Carlos Onganía, el jefe de la autodenominada Revolución Argentina.



Posteriormente asumió en el gobierno de facto el general Alejandro Agustín Lanusse, quien tiempo después dijo que a Juan Domingo Perón no le daba el cuero para regresar al país. Perón volvió, y asumió por tercera vez al frente de los destinos de la Nación, elegido por una abrumadora mayoría.



También por esos tiempos Rosario Central, subcampeón del torneo Nacional en el año anterior, tuvo el privilegio de participar en la Copa Libertadores de América en el mismo grupo que Boca Juniors, Universitario de Deportes y Sporting Cristal de Perú.



Por ello, quizás, la muerte del ídolo de Central Córdoba no haya tenido entre los rosarinos la repercusión que merecía.



Gabino Sosa había nacido en Rosario el 4 de octubre de 1899 y debutó en la primera división de Central Córdoba en 1913, jugando de wing izquierdo, en un campeonato en que su equipo se clasificó tercero detrás de los grandes Newells Old Boys y Rosario Central, que por aquellos años se denominaba Talleres.



Poco después, y siempre vistiendo la camiseta de Central Córdoba, azul con puños y cuello rojos, Sosa pasó a jugar de `centroforward o delantero central. Sólo una vez fue desleal al club de sus amores: jugó para Instituto de Córdoba, el equipo que más cerca quedaba del regimiento donde hacia el servicio militar.



"¿Alguna vez tuvo retribuciones económicas por jugar?", le preguntaron. Gabino Sosa respondió: "Nunca. Por aquellos tiempos no jugábamos por plata. No conocíamos contratos ni primas. Me trataban tan bien, me querían tanto y yo quería tanto a Central Córdoba que para mí no había otra cosa en el mundo que jugar ahí.



Cuando llegó el profesionalismo, en 1931, Sosa llevaba 15 años defendiendo los colores de Central Cordoba, y rechazó todas las ofertas de clubes de Buenos Aires y Uruguay que lo buscaron.



Sosa fue el prototipo del lírico en el fútbol. Ya en la época rentada firmaba sus vínculos en papeles en blanco y una vez reclamó como prima una muñeca que quería regalarle a su hija `Laruncha`, ya que no podía comprarla con su dinero.



Con Central Córdoba, Sosa, jugador de hábil gambeta y definición, obtuvo cuatro veces el campeonato de la Asociación Rosarina.



En el seleccionado argentino jugó 14 partidos, entre 1921 y 1926, participando en cinco Sudamericanos de los cuales ganó dos junto a figuras del amateurismo como Américo Tesorieri, Cesáreo Onzari, Mario Fortunato y Domingo Tarasconi, entre otros.



De los seis goles que hizo con la camiseta albiceleste, cuatro fueron en el mismo encuentro: en Santiago de Chile, el 20 de octubre de 1926, cuando Argentina derrotó a Paraguay por 8 a 0.



Sosa integró el equipo de Central Córdoba que ganó el torneo internacional de 1934, Copa Adrián Beccar Varela, en una final ante Racing, torneo en el que también jugaron Platense, Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, Independiente, Vélez, Ferro, Tigre, Atlanta, Estudiantes de La Plata, Nacional (hoy Argentino de Rosario), Peñarol de Montevideo, Defensor Sporting y Sudamérica de Uruguay.



Télam